
Tras un enero crítico marcado por el estrés hídrico y térmico, las precipitaciones del último mes permitieron ajustar al alza los rendimientos esperados en la mayoría de los cultivos estivales. Con pérdidas de superficie en niveles mínimos históricos, el sector monitorea la evolución climática y sanitaria de cara al tramo final de la campaña.
Tras un enero crítico marcado por el estrés hídrico y térmico, las precipitaciones del último mes permitieron ajustar al alza los rendimientos esperados en la mayoría de los cultivos estivales.
Con pérdidas de superficie en niveles mínimos históricos, el sector monitorea la evolución climática y sanitaria de cara al tramo final de la campaña.
La campaña agrícola en la provincia ha dado un giro significativo tras las abundantes lluvias registradas durante febrero, las cuales llegaron en un momento determinante para el ciclo de los cultivos,. Según los últimos relevamientos, este cambio en el patrón meteorológico permitió revertir parcialmente los efectos del déficit hídrico de enero, mejorando las expectativas de producción en gran parte del área agrícola,.
Mejoras en las proyecciones y cambios de estrategia
El maíz y el sorgo han sido los cultivos que evidenciaron los mayores ajustes positivos en sus estimaciones de producción,. Tan marcada fue la recuperación que se revirtieron las planificaciones de «emergencia» adoptadas semanas atrás: la superficie que originalmente se iba a destinar a forraje debido al mal estado de los lotes disminuyó entre 3 y 6 puntos porcentuales, reorientándose nuevamente hacia la cosecha de grano.
En contraste, el girasol se mantiene como la excepción a esta tendencia alcista. Debido a que el cultivo ya se encontraba en etapa de madurez o con un avance de cosecha cercano al 50%, las lluvias no lograron impactar positivamente en su rinde, el cual fue ajustado levemente a la baja,. Por su parte, la soja y el maní aún atraviesan sus períodos críticos, por lo que sus rendimientos definitivos estarán sujetos a la evolución del clima en las próximas semanas.
Un nivel de pérdidas históricamente bajo
A pesar de la severidad de la sequía inicial, el panorama actual es alentador en términos de superficie. Se estima que las pérdidas totales representan apenas el 2% del área sembrada con cultivos estivales. Esta cifra no solo se considera favorable dada la irregularidad de las lluvias y las altas temperaturas, sino que constituye el menor porcentaje de hectáreas perdidas de las últimas cinco campañas,.
Vigilancia sanitaria y variabilidad regional
En el aspecto sanitario, la situación se mantiene bajo control, aunque con monitoreos constantes. En el maíz, ha crecido la preocupación por la presencia de la chicharrita (Dalbulus maidis) en departamentos del centro y norte, aunque por el momento no se han observado síntomas del complejo de enfermedades que transmite. En soja, se reportó la aparición de chinche verde, mientras que en maní la atención sigue puesta en la arañuela y la viruela tardía, todos con incidencias que, hasta ahora, son manejables.
No obstante, los especialistas advierten sobre una alta variabilidad entre zonas. Mientras que en el sur y sureste provincial los acumulados de lluvia superaron los promedios, en localidades de Marcos Juárez y Unión se reportaron pérdidas de potencial de entre el 20 y 30% en maíz y girasol debido a eventos puntuales de granizo y vientos fuertes,.
Perspectivas climáticas
Hacia adelante, el escenario plantea nuevos desafíos. El pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) para el trimestre febrero-marzo-abril anticipa lluvias inferiores a lo normal en casi todo el territorio provincial y temperaturas que se mantendrían por encima de la media. En este contexto, la recuperación observada en febrero ha sido un «balón de oxígeno» vital para sostener la producción de una campaña que, pese a los contratiempos, muestra hoy una condición general más favorable que la de principios de año.
Fuente: Bolsa de Cereales de Córdoba
